La conversación
Dos visitas, tres años de distancia
La primera vez, en junio de 2023, Elizabeth llegó con una lesión en la muñeca y no pudo tocar; en el chat reclamaban que no cantó. Recién se había integrado al consejo directivo de la SCD y estaba llena de proyectos: doce arreglos para unos conciertos de cantautoras, una gira por Europa y el «Canto para una semilla» con Inti-Illimani Histórico, orquesta y coro en Concepción, junto a Colombina Parra, con arreglos de Luis Advis que él nunca alcanzó a escuchar en vivo.
Esa vez contó que había empezado con música instrumental porque la palabra le parecía demasiado concreta, y que le costó juntar texto y música. También habló de su trabajo como productora de discos ajenos y de cuando fue doble de manos en «Violeta se fue a los cielos»: le maquillaban las manos, y en el set vio a Francisca Gavilán tan metida en el personaje que parecía la misma Violeta. Al despedirse quedaron «250 preguntas» pendientes. En septiembre de 2026 volvió a responderlas.
Nos hace falta escuchar música hecha por humanos, tocada por humanos, por humanas, con cosas que no son perfectas, con respiración, con pulso, con cuerpo vivo.
Lo sencillo y lo sutil
Su disco de 2025 nació de una idea acotada: un trío acústico que sonara lo más lleno posible. Ella toca charango, guitarra o cuatro; Luis Barrueto, las percusiones, y Maggi Rust, el violonchelo, que hace de melodía, de bajo y de coro. Las nueve canciones recorren ritmos de raíz: vals peruano, un joropo inspirado en Simón Díaz, un aire de son, merengue venezolano en cinco octavos y un huayno, con Joe Vasconcellos y José Seves como invitados.
Lo grabaron tocando los tres al mismo tiempo, sin metrónomo, y Elizabeth hizo la mezcla para que no sonara procesado. Contó que tuvo que contenerse: en la cantidad de instrumentos y en la armonía, porque mucha gente le pide los acordes y le cuesta tocar sus canciones. El vals «Quiéreme» lo pensó para que cualquiera pueda cantarlo después de un asado.
Escúchala explicar «Quiéreme» en el minuto 26:06
Yo llevo un año con este disco y encuentro que es poco: las canciones todavía están nuevas, están encontrando su espacio.
Una canción para Violeta
«Violeta», su homenaje a Violeta Parra, la tuvo guardada unos cuatro años, porque no quería caer en lugares comunes. Es la letra de la que se siente más orgullosa. Al grabarla, en una parte casi se le quebró la voz, y decidió dejar esa toma: dijo que la emoción también es un valor, en tiempos en que todo tiende a sonar uniforme. Todavía le cuesta cantarla en vivo.
En la misma línea se rebeló contra la prisa de sacar un sencillo tras otro para no desaparecer, y contó una anécdota del lanzamiento: un bloqueo con el vals peruano que la obligó a empezarlo tres veces, entre risas y con el apoyo del público.
Escúchala recitar un verso de «Violeta» en el minuto 30:15
Por más que uno toque las mismas canciones, nunca van a salir exactamente iguales.
Anunciado en la entrevista
Al momento de la entrevista preparaba el concierto por el primer año del disco, el 7 de octubre de 2026 en el Teatro Camilo Henríquez, con Barrueto, Rust y un cuarteto de cuerdas, el Cuarteto Vila, para el que escribió arreglos nuevos: en algunas canciones como una capa de acuarela, y en el son, al estilo de las charangas cubanas. En el repertorio iban a estar también «Viene una carta», que contó haber escrito para el documental «El edificio de los chilenos», y «El pajarillo», su momento más libre e instrumental. Su versión de «Los dinosaurios», de Charly García, que en 2023 iba a salir en un EP, está grabada pero sigue en suspenso.



