La conversación
Un vals con el mar adentro
El viernes 2 de octubre, cuatro días antes de esta conversación, Celeste Manrique estrenó «La marea», un vals melódico que llevó hacia el jazz con piano, sintetizadores y una batería que casi nunca aparece en el vals criollo. Ella la define como una canción de amor muy pasional, donde el mar sirve de imagen para un corazón intenso. Fue la primera vez que coprodujo un tema con su padre, el guitarrista Tito Manrique, y la producción quedó a cargo del productor que lo acompaña desde hace años.
El Perú tiene mil sonidos, y todos son valorables, todos son estudiables, todos tienen una historia y todos tienen que tener un espacio también.
Dos herencias en la misma casa
Su padre fue guitarrista y director musical de artistas importantes del Perú, y fundó Cosa Nuestra, agrupación que mezcla música criolla y afroperuana con salsa, donde Celeste también toca. De él aprendió a no frenarse al crear y a escuchar cada mezcla detalle por detalle. Por el lado materno llegó lo andino: su madre es percusionista de folklore latinoamericano y su abuelo, rezador de tabaco, inspiró «El rezo», el primer single que publicó, compuesto cuando él falleció.
Algunas fuentes leyeron ese debut de 2023 como una ruptura con Cosa Nuestra. Celeste lo aclaró al aire: su padre es su gran ejemplo musical y los dos caminos siguen juntos.
La Celeste cantante siento que es muy idealista a veces… y la Celeste productora: “Chica, ya hemos hecho cinco cambios”.
«El Perú tiene mil sonidos»
Cuando le preguntan qué hace, responde «música peruana»: adora el criollismo, la música afroperuana y la andina, y cree que cada uno de esos sonidos merece un espacio digno. Esa mirada se formó en la Escuela Nacional de Folklore, de donde egresó como educadora artística. Por entonces enseñaba canto, charango y otros instrumentos, dirigía ensambles andinos, afroperuanos y de rock, y entre sus alumnos tenía a un sueco que la encontró por internet y ya tocaba huaynos.
Yo vivo 100 % la música. Es toda mi vida.
«Viento» y la chicha
Para Fiestas Patrias de 2025 grabó «Viento», del Grupo Celeste en la voz de Chacalón. La eligió porque habla de la migración interna hacia Lima y de la esperanza en un futuro más justo. Tocó casi todo ella misma: guitarras eléctricas, percusiones grabadas con un equipo de los años 90 de su madre, una botella marcando la campana y su charango, más la zampoña de una amiga vientista. El resultado, dice, es una conversación entre las raíces andinas de la chicha y sus guitarras psicodélicas.
La cantante, la productora y el disco que viene
Celeste se ríe de la discusión que tiene consigo misma: la artista sueña con agregar cosas y la productora le recuerda que ya van cinco cambios. Con los años, cuenta, aprendieron a convivir. Esa convivencia iba a escucharse en su primer disco, que anunció para mediados de diciembre de 2026, con tondero norteño, baladas y rock. Tiene familia en la Araucanía y amigos músicos en Valparaíso, con quienes ha comparado la marinera limeña y la cueca, y prometió venir a tocarlo a Chile en 2027. Para cerrar el programa cantó «El rezo» en vivo.



