La conversación
Una guitarra de tres cuerdas
Paz Mera tenía seis años cuando encontró en la bodega de su casa, en Talagante, una guitarra de su mamá con tres cuerdas. Un profesor había pegado un aviso de clases en El Colonial, el restorán de su tío Héctor, y su papá le preguntó si le haría clases a una niña que no paraba de saltar. La música le dio foco: «no sé hacer nada que no me interese», contó. Su mamá le pedía sacar de oído las canciones que le gustaban.
Estudió piano clásico en el Conservatorio de la Universidad de Chile, con la profesora Clara Luz Cárdenas, a quien considera su segunda mamá. Cuando estaba por pasar a la etapa superior, una tendinitis la dejó meses sin tocar y se alejó del piano. Volvió a la música por un café de Talagante: el dueño la invitó a tocar, ella no tenía teclado y le pidió una semana para llegar con la guitarra.
Paz cuenta cómo empezó con la guitarra, en el minuto 12:52
Nunca son solo dos opciones o dos caminos: siempre hay más, siempre hay desvíos, y los desvíos se me hacen más interesantes.
Brasil y Cuba
A los diez años viajó a Río de Janeiro y, al abrir la puerta del departamento, vio en la televisión a Daniela Mercury con los tambores de Olodum. Volvió con una maleta llena de discos y aprendió de oído la música y el idioma. Con su hermana María José cantó música brasileña durante años; juntas ganaron una beca para estudiar portugués y grabaron «Pura mistura» (2009).
Lo cubano llegó también por Talagante. El trovador José Luis Barba, que vino con el equipo de Raúl Ruiz a filmar «Cofralandes», la invitó a tocar el piano en un ciclo de conciertos. En el primer ensayo se encontró con los músicos cubanos que admiraba de un matinal de la televisión, con el baterista David Ortega y con el saxofonista Lino Borbolla, que le marcaba la clave pisándole el pie.
Paz recuerda su primer viaje a Brasil, en el minuto 34:16
La pedagogía me devuelve a lo más básico de la humanidad y a lo más hermoso, que es la pregunta, la duda.
La cueca y el Pedagógico
Antes de lo cubano llegó la cueca: Las Torcazas la llamaron para reemplazar a su tecladista en un evento en Quinta Normal. Esperaba algo íntimo y se encontró con más de 500 jóvenes bailando cueca y fans pidiendo autógrafos. La carrera la eligió por un poeta: en un taller de poesía chilena de Eduardo Llanos, él contó que caminaba por los jardines del Pedagógico con Rodrigo Lira. Un día, Paz entró a ese campus, siguió la música por los pasillos y decidió estudiar Pedagogía en Música.
Paz cuenta su paso por la cueca, en el minuto 58:14
Hacer música tiene que ver siempre con eso: como dice Cortázar, me caigo y me levanto.
«Procelária» y «Sea mi música»
Su primer disco de canciones propias, «Procelária» (2013), lo hizo a voz y piano porque Magdalena Matthey la convenció de que ese formato bastaba. El nombre viene de un poema de Sophia de Mello Breyner que conoció en un disco de Maria Bethânia: un ave que hace de la tempestad su fuerza. También creó con Tita Donoso Pastita, un proyecto de música para niños.
«Sea mi música» (2020) nació de un viaje a Cuba y de su trío con Daniel Navarrete en el contrabajo y Jorge Carrasco en la batería. Ninguno de los tres es cubano ni brasileño, y no quisieron hacer jazz: hay quien lo escucha así, y a ella le gusta ese engaño. Lo lanzó en pandemia, después de la muerte de su papá, cuando no se sentía capaz de volver a un escenario. Sobre la comparación con Francesca Ancarola, Magdalena y Elizabeth Morris, dijo que son referentes, pero que las cuatro hablan desde lugares distintos.
Paz habla de «Procelária», en el minuto 77:31
La profesora
Hace clases de composición y le gusta mostrar sus procesos a sus alumnos y decirles cuando no sabe algo. Les cuenta una historia de cuando era niña: en un examen del conservatorio, una profesora le dijo que era tonta y la echó. Su mamá le preguntó si de verdad lo era y la mandó de vuelta a pedir que la evaluaran otra vez; esa vez leyó todo a la primera. Al momento de la entrevista tenía canciones nuevas por grabar, varias de ellas con guitarra.



