Hoy, 1 de noviembre, se visita a los muertos. En Paneo Army aprovecho la fecha para visitar otra clase de difuntos: discos que nacieron, fracasaron, se perdieron y volvieron a la vida cuando ya casi nadie los esperaba.

En el Brasil de los años setenta, la prensa tenía una palabra para los artistas que la industria no sabía cómo vender: malditos. La etiqueta les cayó encima a Sérgio Sampaio y a Jards Macalé. En Chile hubo bandas que vivieron algo parecido sin que nadie les pusiera nombre. Este domingo reúno cuatro de esos discos, dos brasileños y dos chilenos, grabados entre 1969 y 1973, en un continente donde sonar distinto podía salir muy caro.

Aprovechando que estamos en plena ruta de Brasil sin escalas, quise sacar algunas cositas extra para complementar. En la primera entrega contamos cómo Brasil se puso de acuerdo en olvidar a Wilson Simonal; los dos brasileños de esta lista vivieron, en los mismos años, su propia versión del olvido.

Sérgio Sampaio — Eu quero é botar meu bloco na rua (1973)

Sérgio Sampaio nació en 1947 en el estado de Espírito Santo, hijo de un compositor. Antes de su debut solista ya había grabado junto a Raul Seixas un LP experimental de nombre larguísimo, que pasó sin pena ni gloria.

En 1972 se presentó en el Festival Internacional de la Canción, en Río, con el tema que le da nombre al disco, algo así como “Lo que quiero es sacar mi comparsa a la calle”. No ganó, pero el single fue uno de los éxitos del año; las cifras de venta que circulan van de 300 mil a 500 mil copias. Sampaio contó después que escribió la canción en un tiempo de mucha soledad, con la intuición de que tenía un poder especial. Mientras aparecía en los programas más vistos de la televisión, le diagnosticaron tuberculosis. Así entró a grabar su primer disco.

El LP salió en marzo de 1973 por Philips, con producción de Raul Seixas. Fue un fracaso de ventas, pese al éxito del single y a la rotación radial de otras canciones. Algunas biografías hablan de apenas cinco mil copias. Lo que vino después fue la fama de maldito: un tipo impulsivo, más preocupado de hacer canciones que de promocionarlas, al que la industria empezó a mirar de reojo.

Grabó solo dos discos más en vida. Murió el 15 de mayo de 1994 en Río de Janeiro, a los 47 años, por una pancreatitis, cuando preparaba un nuevo disco. Ese material vio la luz recién en 2006, con el título Cruel.

Mi parte favorita de esta historia es una respuesta suya. Cuando le preguntaban si todavía quería sacar su comparsa a la calle, contestaba que él ya la había sacado y que ahora les tocaba a los demás. Y tenía razón: su estribillo se volvió un himno del carnaval brasileño, que se canta cada verano.

Aguaturbia — Aguaturbia (1970)

Denise canta con micrófono en mano junto a Carlos Corales, que toca una guitarra eléctrica, sobre un escenario al aire libre

Foto: Aeveraal (CC BY-SA 4.0)

Aguaturbia se formó en Santiago a fines de los sesenta, con Carlos Corales en guitarra, su esposa Denise en la voz, Willy Cavada en batería y Ricardo Briones en bajo. Su primer disco, publicado en 1970, mezcla versiones de “Somebody to Love”, de Jefferson Airplane, el blues “Rollin’ and Tumblin’” y “Crimson and Clover” con temas propios como “Erótica”. Es blues-rock psicodélico pesado, crudo, con distorsión, la voz de Denise pasada por efectos y solos de guitarra que dejaban al público entre el silencio y la euforia.

El escándalo llegó por la carátula. El 13 de marzo de 1970, el diario La Segunda llevó a su portada la foto del disco, con los cuatro integrantes desnudos. Hubo quienes lo leyeron como una afrenta a la moral y las buenas costumbres. Ese mismo año salió Volumen 2, y la cosa empeoró: en la portada aparecía Denise crucificada, en una imagen inspirada en el Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador Dalí.

En noviembre de 1970 la banda partió a Nueva York en busca de una carrera afuera, y allá estuvo cerca de tres años. Ya de vuelta, se despidió en marzo de 1974 con conciertos en los teatros Andes y Caupolicán. Willy Cavada murió el 1 de octubre de 2013. En 2024 el sello español Munster reeditó el debut en vinilo, y en el extranjero muchos melómanos los cuentan entre las grandes bandas psicodélicas surgidas fuera de Inglaterra y Estados Unidos.

Hay un detalle que me encanta para este blog: Denise nació en Brasil, hija de madre brasileña y padre chileno. De niña la marcaron el canto lírico y la samba, y a los 12 años fue a su primera audición a escondidas de sus padres. La voz más escandalosa del Chile de 1970 traía Brasil en la sangre.

Jards Macalé — Jards Macalé (1972)

Jards Macalé joven, con gorra de cotelé y lentes redondos, sonríe en una playa con un muelle de fondo, en blanco y negro

Foto: Arquivo Nacional de Brasil, fondo Correio da Manhã (dominio público)

Jards Anet da Silva nació en 1943 en Río de Janeiro. El apodo se lo pusieron por un jugador de Botafogo famoso por malo, en burla a su torpeza con la pelota. En el Festival Internacional de la Canción de 1969 presentó “Gotham City”, cantada a los gritos y escuchada como una crítica a la dictadura. Desde ahí su nombre empezó a circular.

En 1971 viajó a Londres, invitado por Caetano Veloso, que estaba exiliado, y fue el director musical y guitarrista de Transa, uno de los discos clave de Caetano, publicado en 1972. De vuelta en Brasil grabó su debut con Lanny Gordin en guitarra eléctrica y Tutty Moreno en batería, con Macalé en la guitarra acústica. Un trío sin orquesta ni adornos, que cruza samba, rock, blues, jazz y ritmos del nordeste brasileño. Las letras salieron de su sociedad con poetas como Waly Salomão y Torquato Neto. Ahí están “Vapor barato” y “Mal secreto”, que también grabó Gal Costa.

El disco no vendió, y el siguiente tampoco. La prensa le colgó la etiqueta de maldito y en Brasil lo apodaron el “ángel torcido” de la música popular. La censura también hizo lo suyo: en 2023 un diario brasileño mostró, con archivos de la censura, que “Corta essa”, una canción que compuso con Caetano en esa época, sigue inédita. Lanny Gordin, el gran guitarrista del tropicalismo, pasó después unas dos décadas al margen y grabó su primer disco solista recién en 2001.

Macalé murió el 17 de noviembre de 2025, a los 82 años, tras un paro cardíaco. Estaba internado desde comienzos de ese mes por un enfisema pulmonar. Su familia contó que alcanzó a despertar de una cirugía cantando una canción de Gal Costa. Este disco es la mejor forma de recordarlo.

Los Blops — Locomotora (1973-1974) y las cintas perdidas

Eduardo Gatti, de lentes y barba canosa, canta con guitarra acústica frente a un micrófono

Foto: Pontificia Universidad Católica de Chile (CC BY-SA 2.0)

Los Blops debutaron en 1970 con un disco grabado en doce horas, en una máquina de dos pistas, para el sello DICAP. Ahí venía “Los momentos”, de Eduardo Gatti, que con los años se volvió un clásico de la música popular chilena. También acompañaron a Víctor Jara en “El derecho de vivir en paz” y “María, abre la ventana”.

El segundo disco lo concibieron viviendo en comunidad, en una casa que llamaban Manchufela. Salió en 1971 por el sello de la Peña de los Parra y se le conoce como Del volar de las palomas, por la canción que cantaron junto a Ángel Parra. El público masivo tampoco los entendió: en el Festival de Viña del Mar los reprobaron abiertamente, y la banda se volcó a un rock más experimental, alejado de los grandes escenarios.

El tercer disco, Locomotora, lo grabaron en 1973 en Buenos Aires, en los estudios de RCA, en apenas unas horas de estudio que les consiguió el productor Pepe Romeu. Después del golpe de 1973, la cinta master se dio por perdida. Gatti la encontró tiempo después en un basurero, bajo otras cintas, en una bodega del sello; el disco salió en 1974 con apenas 500 copias. Otras cintas originales de la banda fueron destruidas por los militares en allanamientos a las bodegas de los sellos. Para entonces el grupo ya se había separado.

Durante décadas, Locomotora fue un tesoro que los coleccionistas guardaban sin poner en la tornamesa. En 2001, cuando se reeditaron sus tres primeros discos en CD, hubo que partir de copias en vinilo, porque las cintas originales ya no existían. Así sobrevive una parte de nuestra historia musical: en manos de gente que se negó a botar un vinilo.

Lo que tienen en común

A estos cuatro discos los enterró una mezcla de mercado, moral y política: disqueras que no supieron qué hacer con Sampaio y Macalé, una sociedad que se escandalizó con dos carátulas, una dictadura que dejó cintas en la basura. Y los desenterró gente paciente: coleccionistas, sellos que reeditan vinilos, músicos jóvenes que volvieron a tocar ese repertorio en vivo.

En Paneo Army trabajamos casi siempre con música independiente, la que hoy tampoco calza en la vitrina de la industria. Por eso esta fecha me hace sentido. Los discos malditos de 2026 se están grabando ahora mismo, en alguna sala de ensayo de Santiago, de Lima o de Belo Horizonte. Ojalá esta vez no tengan que esperar cincuenta años.

Mi recomendación para este 1 de noviembre es simple: pongan los cuatro discos, en el orden que quieran, y prendan una vela por quienes los hicieron.

Este blog es una escala técnica de Brasil sin escalas. La próxima parada de la serie llega el 29 de noviembre.