Los Tres volvieron a sorprender. Álvaro Henríquez, Titae Lindl, Pancho Molina y Ángel Parra se presentaron de manera inesperada en el Metro Estación Baquedano, regalando un show que se transformó en un adelanto de lo que será la gran celebración de sus 30 años el próximo 14 de noviembre de 2026 en el Movistar Arena. Las entradas en preventa
se agotaron en cuestión de horas, confirmando que la vigencia de la banda sigue intacta y que su música continúa siendo un punto de encuentro generacional.
Este regreso nos hace mirar con nostalgia hacia atrás, específicamente al 14 de septiembre de 1995, cuando Los Tres grabaron para MTV el mítico Unplugged. Se dice que fue el único realmente “desenchufado”, y no es casualidad: allí el rock y la cueca se dieron la mano para salir al mundo, mostrando una identidad chilena que hasta entonces no había tenido un espacio tan destacado en la pantalla internacional. El disco físico fue lanzado el 15 de abril de 1996 y se convirtió en un emblema nacional.
Aquel Unplugged fue un acto de memoria y orgullo. Por primera vez, la cueca, el jazz, el bolero y el rock chileno se instalaban en una vitrina global, demostrando que nuestra música podía dialogar con las grandes escenas internacionales sin perder su raíz. Hoy, tres décadas después, la conmemoración revive esas emociones y nos recuerda que Los Tres no solo hicieron historia: la siguen escribiendo.
Durante el Unplugged pudimos conocer a otros dos grandes músicos que acompañaron a Los Tres en algunos temas: Cuti Aste y Antonio Restucci. Aste tocó la cítara y el acordeón, mientras Restucci aportó la mandolina. En entrevista con Paneo Army, Restucci reconoció que participar en este hito lo hizo más conocido en Chile. Su instrumento se convirtió en un sonido característico en temas como por ejemplo “Me rompió el corazón” y
“La Primera vez”.
Cuti Aste, por su parte, recordó cómo siete años después del estreno de la emblemática obra La Negra Ester, llegó el Unplugged de Los Tres con un homenaje sentido a Roberto Parra. Fue el mismo “Tío Roberto” quien, en los tiempos de La Negra Ester, le propuso incorporar “la Cuncuna”, como llamaba cariñosamente al acordeón. Ese gesto no solo
marcó la sonoridad de la obra, sino que abrió un camino creativo que más tarde se escucharía con fuerza en el acústico de Los Tres, manteniendo viva la huella del Tío Roberto en la música chilena.
El impacto de este evento fue incalculable. Eduardo Ardiles, músico que actualmente reside en la Región de Coquimbo, nos compartió que escuchar a Cuti tocar el acordeón en He Barrido el Sol lo marcó profundamente. Tanto así, que el acordeón pasó a formar parte esencial de su vida musical hasta el día de hoy. Testimonios como el suyo reflejan cómo aquel Unplugged no solo fue un espectáculo televisivo, sino una experiencia transformadora que inspiró a toda una generación de músicos y oyentes.
Se comenta que la agrupación quería que Roberto Parra participara en el segmento de cuecas con que cerraba la sesión del Unplugged. El plan era que el “Tío Roberto” estuviera presente en temas como El arrepentido, La vida que yo he pasado y la emblemática Quién es la que viene allí. Sin embargo, él falleció el 21 de abril de ese
mismo año.
La banda decidió de igual forma incluir esas cuecas en el repertorio, consolidando su compromiso con la tradición popular chilena. El gesto no solo fue un homenaje a Roberto Parra, sino también una declaración de principios: la cueca tenía un lugar legítimo en la vitrina internacional de MTV, junto al rock y las fusiones que caracterizaban a Los Tres. Ese cierre con cuecas se transformó en un momento histórico, porque reafirmó que la identidad chilena podía convivir con los formatos globales sin perder autenticidad. Fue un acto de resistencia cultural y, al mismo tiempo, un puente que permitió que nuestra música llegara más lejos.
Lo que más me enorgullece de este hito, donde la memoria se transformó en música, es el traspaso generacional de la cueca chilena y del jazz guachaca. El Unplugged de Los Tres fue la manera en que estas expresiones se masificaron entre los jóvenes de la época, y hoy siguen transmitiéndose a nuevas generaciones a través de propuestas frescas que mantienen esas influencias vivas. Los chilenos le debemos mucho a la familia Parra y a los músicos que se empaparon de su arte, porque su legado es una herencia imborrable. Ellos no solo marcaron un estilo, sino que sembraron una raíz cultural que continúa inspirando y dando identidad a nuestra música.
Respecto al rock… ufff, ni hablar. Los Tres demostraron ser músicos de un nivel atómico, capaces de llevar su propuesta a un estándar internacional sin perder la esencia local. No es exagerado decir que más de alguna de sus canciones está en la playlist personal de cada chileno o chilena, porque su repertorio se transformó en parte de nuestra memoria colectiva. Son himnos que acompañan la vida cotidiana y que, al mismo tiempo, nos recuerdan que el rock chileno tiene identidad propia y un lugar en la historia.



