Como muchos de ustedes ya lo saben, hace pocos días estuve de cumpleaños. Sin ser el grinch de este tipo de fechas, tengo que confesar que nunca he sido un gran festejador de este hito. Sin perjuicio de ello, igual me sentí frustrado cuando el mismo día me contagié una fuerte gripe. Por eso hice todos los esfuerzos posibles para lograr estar en la adelantada celebración del cumpleaños de Pedro Villagra, que él dio por llamar: TANJOBI.

Entre otras ocasiones, habíamos estado conversando en julio del año 25 en el Club Suizo y, en aquella oportunidad, comentábamos que ninguno de los dos pasaría el cumpleaños en casa. En efecto, Pedro se fue de gira a Europa y yo lo pasé bebiendo una cerveza en el aeropuerto, con el equipo de Paneo Army, camino a Lima, donde realizamos la primera edición de Tantay Pro.

Estaba en ese tipo de cavilaciones cuando mi pensamiento me llevó al inevitable momento en que todo el público homenajeara a Pedro. Y me puse a pensar, y aquí de nuevo corro el riesgo de pasar por hater: ¿tenemos la peor canción, o la peor versión de ella, que se le puede cantar a una persona que está de cumpleaños? La impostergable ejecución masiva que el público le regaló a Pedro no hizo más que confirmar, para mí mismo, aquella apreciación. Es sosa, pobre y lo poco que dice lo repite 100 veces. Si a eso le agregamos los, a estas alturas, inevitables “Feliz, feliz”, “A ti, a ti”, termina siendo infumable.

¿Y cuál es la solución? Todavía dentro de mis cavilaciones, recordé las reiteradas oportunidades en que algunas personas o instituciones han hecho campaña por instaurar la hermosa canción “El día de tu cumpleaños”, que escribiera Violeta Parra a fines de los años cincuenta. No es que descubriera la canción en aquella época, pero una amiga me la dedicó hace alrededor de 12 años y, al prestarle atención a la letra, aparte de agradecer el gesto, le encontré mucho sentido. Como si me hubiera estado leyendo el pensamiento, al final del concierto una señora se acerca a Pedro y le recita parte de la letra:

“Mi hijito, llegaste al mundo en hora muy principal. Ya redondeaste el año, yo te vengo a celebrar. Que te sirvan la mistela y la tortilla candeal, que el día de tu cumpleaños es cosa muy principal. El día de tu cumpleaños y habría que embanderar desde Arica a Magallanes con banderas colorás. Que viva tu nacimiento, bello botón de rosal. Por la voluntad del cielo, ¡que vivas cien años más!”
Una mujer canta con guitarra “El día de tu cumpleaños”, de Violeta Parra, en una casa de campo embanderada

Y resulta que la canción tiene una historia todavía más apropiada para esta discusión: Violeta Parra la compuso precisamente a pedido de alguien que quería dejar de lado el socorrido “Happy Birthday” y tener una canción de cumpleaños propiamente chilena.

Pero, claro, es objetivamente más larga que la anterior y, difícilmente, el común de las personas hará el esfuerzo de memorizarla. Por eso, últimamente, mi foco ha estado en otra canción que ha ido entrando de a poco en ciertos círculos: una adaptación del carnavalito humahuaqueño, muy alegre y fácil de aprender:

Que los cumplas muy feliz, te deseamos de corazón.
Todos los que te amamos te lo deseamos de corazón.
¡Un año más de lluvia, viento y sol!
Todos los que te amamos te lo deseamos de corazón.

¿Y qué sucede en otros lugares?

Lo que nosotros damos por sentado tampoco es una costumbre universal. Tito Fernández contaba que, en una ocasión, estando en México junto a otros chilenos, se enteraron de que el anfitrión estaba de cumpleaños. Fernández tomó la iniciativa: se hizo de una guitarra, dedicó unas palabras al festejado y comenzó a cantar nuestro tradicional cumpleaños feliz. A mitad de la canción se dio cuenta de que solamente los chilenos lo acompañaban, mientras los mexicanos se miraban entre ellos. Apenas terminaron, los anfitriones comenzaron a entonar “Las Mañanitas”. El gesto de los chilenos había sido agradecido, pero, según Fernández, ellos terminaron sintiéndose un tanto ridículos.

Y es que cada lugar tiene su propia manera de cantar cuando alguien cumple años. En Polonia, por ejemplo, se entona “Sto lat” (“Cien años”), una canción tradicional que no tiene relación con nuestra conocida melodía y que también se utiliza en bodas, como una forma de desear una larga vida. En Cuba se canta “Felicidades”, una breve composición nacida a mediados del siglo XX que desea al festejado paz, armonía y sana alegría. En Venezuela la celebración tiene bastante más vuelo: allí se canta “Ay, qué noche tan preciosa”, compuesta en 1953 por el músico Luis Cruz y convertida en una de las canciones de cumpleaños más extensas de Latinoamérica. En Argentina, en cambio, la fórmula nos resulta mucho más familiar, aunque con una pequeña diferencia: “Que los cumplas feliz”, acompañada de palmas y un ritmo cada vez más acelerado, como si en cualquier momento el festejado tuviera que ponerse a bailar. Los Países Bajos también tienen su propia tradición: “Lang zal hij leven” (“Que viva largo tiempo”), acompañada con entusiasmo por los asistentes y que suele terminar con un festivo “¡Hip, hip, hurra!”.

En definitiva, parece que cumplir años es una costumbre universal, pero cantar el cumpleaños está lejos de serlo. Cada país encontró su propia manera de decirle al festejado, a través de una canción, que celebrar un año más merece la pena.

Cuando el cumpleaños no es feliz

Asumimos que el día de natalicio es una fecha feliz, pero no es necesariamente así. No siempre, no para todos. Particularmente recuerdo mi “festejo” del 2012, a escasos días de una ruptura familiar, recién empezando a vivir sin mi hija. Hay oportunidades en que el cumpleaños está envuelto en un aire melancólico y hasta depresivo.

Un hombre solo frente a una torta con velas encendidas, en un departamento con guirnaldas y la ventana al atardecer

Es el llamado “birthday blues”, fenómeno que ha inspirado algunas creaciones musicales como “Birthday”, de Blur, que contiene los versos “I don’t like this day, it makes me feel too small” (“No me gusta este día, me hace sentir demasiado pequeño”). Damon Albarn retrata ahí la apatía existencial, llamándolo incluso un “pathetic day” (día patético) mientras pasa el cumpleaños solo en un parque.

Otro ejemplo es “Unhappy Birthday”, de The Smiths (1987): fiel al estilo ácido y lúgubre de Morrissey, esta canción rompe con todo deseo de bienestar. Dedicada a un examante, arranca diciendo: “Te deseo un infeliz cumpleaños, porque eres malo y mientes”. El autor celebra el paso del tiempo de la otra persona no con alegría, sino con el deseo de que se hunda en la soledad. En “Happy Birthday” (2004), el cantautor estadounidense Sufjan Stevens, conocido por su folk íntimo y acústico, entrega una composición minimalista y desoladora: le canta a alguien que pasa su cumpleaños completamente aislado, rodeado de silencio, en un intento por procesar el peso de seguir vivo un año más sin la persona que quería a su lado.

En Chile, quizá el caso más extremo sea “Un año más”, que no nació precisamente con la idea de ser un himno de cumpleaños, sino como una balada profundamente triste y existencial sobre la vejez, el paso del tiempo y la soledad absoluta. Su autor, el pianista coquimbano Hernán Gallardo Pavez, jamás la concibió con el ritmo alegre con el que la bailamos hoy, ni pensó que se transformaría en el himno indiscutido del Año Nuevo chileno. Gallardo compuso el tema al piano en una fría noche de 1977 en Coquimbo, cruzado por la depresión, la pobreza y la reciente muerte de su padre. De hecho, los primeros arreglos que ideó incorporaban acordes de la Marcha fúnebre de Chopin.

“Son quince, son veinte, son treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta… ¡Un año más, qué más da!”

La letra retrata a una persona contando con angustia las velas de su propio pastel, viendo cómo avanza de forma implacable el envejecimiento cronológico. El propio Hernán Gallardo Pavez reconoció en varias entrevistas que la compuso pensando en una triste canción de cumpleaños, debido a la crisis existencial y la profunda soledad que sentía al envejecer.

Las otras canciones de cumpleaños

Pero el cumpleaños no solamente ha inspirado canciones destinadas a ser cantadas frente a una torta. También ha servido como punto de partida para composiciones que terminaron hablando de política, amor, amistad, nostalgia o, simplemente, de las ganas de celebrar. Algunas incluso nacieron para una ocasión muy particular y terminaron teniendo una vida propia. Y si de canciones de cumpleaños hablamos, hay algunas que resulta imposible dejar fuera.

Stevie Wonder. En 1980, el genio del Motown compuso su propia versión de “Happy Birthday”. No era un simple saludo: fue un regalo político y cultural con un destinatario muy claro, Martin Luther King Jr. Wonder escribió esta pieza hiperrítmica, llena de sintetizadores y optimismo, para regalársela a la memoria del líder de los derechos civiles en el día de su natalicio, y la usó como el núcleo de una masiva campaña pública para exigir que el cumpleaños de King fuera declarado feriado nacional en los Estados Unidos. La pieza se convirtió en un himno de protesta pacífica. Gracias a la popularidad del tema, el presidente Ronald Reagan firmó la ley en 1983 para instaurar oficialmente el Martin Luther King Jr. Day.

The Beatles. El 18 de septiembre de 1968, mientras grababan el célebre Álbum Blanco, los Fab Four se enteraron de que esa noche se estrenaba en la televisión británica la película de rock The Girl Can’t Help It. Todos querían ir a verla a la casa de Paul, pero antes tenían una misión: era el cumpleaños de Pattie Boyd, la entonces esposa de George Harrison. Paul McCartney llegó al estudio con un riff de guitarra simple, inspirado en el rhythm and blues clásico, y le propuso a la banda armar una canción de cumpleaños ahí mismo. Chris Thomas, el productor asistente de George Martin, recuerda que compusieron, arreglaron y grabaron “Birthday” de forma frenética en solo un par de horas, antes de salir corriendo a ver la película. La propia Pattie Boyd y Yoko Ono llegaron al estudio a última hora y terminaron cantando en los coros del tema. Nació como un apurado regalo de cumpleaños doméstico y terminó siendo uno de los cortes de rock más enérgicos del álbum.

Los que tiraron la casa por la ventana

La mitología popular ubica al cumpleañero festejando acompañado de un sinnúmero de amigos, mucha música y mucho alcohol, convirtiendo el festejo en un evento digno de recordar por mucho tiempo. La realidad suele tener cierta distancia con ese ideario, lo que no quiere decir que no hubo algunos que sí lo hicieron.

Freddie Mercury y la bacanal de Múnich (1985). Para su cumpleaños número 39, el líder de Queen organizó una de las fiestas más infames del rock, en el club Henderson’s de Alemania. Exigió que todos los invitados asistieran vestidos de travestis o en estricto blanco y negro. El evento costó una fortuna, duró días, y las imágenes reales de los excesos terminaron utilizándose para el videoclip oficial de su canción solista “Living on My Own”.

Collage sobre el cumpleaños de Keith Moon: la torta volando, el baño destrozado, la policía en el hotel y el auto en la piscina

La fiesta que se transformó en demolición. Si de cumpleaños desbordados hablamos, Keith Moon no podía quedar fuera. Durante una gira de The Who por Estados Unidos, la celebración de su cumpleaños terminó convirtiéndose en una de las historias más recordadas —y exageradas— de la banda. La discográfica había dejado abierta una cuenta en el bar del hotel y, con alcohol, juventud y la personalidad de Moon como ingredientes, el festejo rápidamente se salió de control.

La fiesta comenzó con un pastel que terminó volando contra los invitados y, poco después, con Moon dedicado a destrozar los baños del hotel. La policía terminó interviniendo y el baterista, que en medio del caos intentó escapar, acabó detenido y pasando el resto de la noche en una celda. A la mañana siguiente, antes de que The Who pudiera continuar viaje, tuvo que ser llevado al dentista por la pérdida de un diente.

Pero la historia más famosa de aquella noche es también la más discutida: la del automóvil que habría terminado en la piscina del hotel. Aunque durante años se contó como un hecho, distintos testimonios posteriores han puesto en duda que aquel episodio ocurriera esa noche. Lo que sí parece fuera de discusión es que la cuenta de los destrozos alcanzó una cifra considerable para la época y que Holiday Inn terminó tomando una decisión drástica: prohibir para siempre la entrada de The Who a sus hoteles.

¿Qué hay de nosotros?

Nuestros cumpleaños están lejos de tener el nivel de parafernalia y locura de los de Mercury y Moon. Nuestros tiros van por otro lado. Así como el natalicio de Violeta Parra marca el Día de la Música Chilena y el de Gabriel Parra supone el Día del Baterista, fue un 23 de abril de 2022, en un festejo algo tardío del cumpleaños de Gisella, en el entonces departamento de Tuco, cuando realizamos nuestra primera transmisión piloto por Instagram. Algunos han tenido acceso a ese gracioso video. Menos de una semana después ya estábamos al aire realizando nuestra primera entrevista como Paneo Army.

Huelga decir que, a partir de entonces, el cumpleaños importante ha sido el del canal. Desde aquel íntimo festejo de micrófono abierto, con cascada artesanal incluida, en el que la Santiago Klezmer Band se robó todos los aplausos, hasta los tremendos festivales en que este festejo se ha convertido después, con un listado interminable de invitados que no quisiera nombrar por temor a dejar a alguien fuera. Nombres que, de verdad, me enorgullece que sean parte de nuestro círculo y, espero, viceversa. Pero, por supuesto, sigue siendo un cumpleaños. Y todo cumpleaños termina, inevitablemente, con la partición de la torta y el público cantándonos “Cumpleaños feliz”, este último año dirigidos por Claudio Constanzo.

Quizá el próximo año la canción sea otra.

Pero más allá de las canciones, todos tenemos alguna historia asociada a un cumpleaños: una celebración inolvidable, una canción que alguien nos dedicó, un cumpleaños que salió completamente distinto a lo esperado o, simplemente, ese recuerdo que cada año vuelve a aparecer cuando llega la fecha.

¿Cuál es la tuya? Cuéntanosla en nuestras redes sociales. Queremos saber qué canciones, historias y recuerdos han acompañado tus cumpleaños. Porque, después de todo, quizás entre todas esas historias encontremos una canción que merezca reemplazar al eterno “Cumpleaños feliz”.