I. "Mó- num pa- tropi-"

Brasil, 1969. El país llevaba cinco años bajo una dictadura militar, y hacía apenas unos meses que regía el AI-5, el Acto Institucional n.º 5, decretado en diciembre de 1968, que cerró el Congreso, suspendió garantías y endureció la censura. Caetano Veloso y Gilberto Gil fueron detenidos ese mismo diciembre y a mediados de 1969 partieron al exilio en Londres.

En la música, la pelea era otra y era igual de feroz. De un lado estaba la MPB (Música Popular Brasileña), la etiqueta que agrupaba a la canción de autor surgida de la bossa nova y que se iba volviendo el territorio de la resistencia. Del otro, la Jovem Guarda, el rock juvenil de Roberto Carlos, que la crítica acusaba de alienado y de copiar lo que venía de Estados Unidos. Entre medio, la Tropicália de Caetano y Gil, que mezclaba todo y se ganaba enemigos en ambos lados.

En ese Brasil, en julio de 1969, una canción nueva de Jorge Ben, hoy Jorge Ben Jor, llamada "País Tropical" llegó a las manos de Wilson Simonal. Cómo llegó depende de a quién se le pregunte.

La que más circula viene de la biografía del periodista Ricardo Alexandre. Cuenta que Simonal fue a un show de Gal Costa, que esa noche Gal cantó la canción y que Simonal entendió dos cosas al mismo tiempo: que era enorme y que Gal había pedido la preferencia para grabarla. Si la quería, tenía que apurarse. Agendó una sesión para el 22 de julio, arrastró a Ben hasta el estudio y le mostró la canción a su banda.

Consultado para esta columna, Alexandre agrega una segunda fuente: el productor Manoel Barenbein contó en la serie O Produtor da Tropicália, del pódcast Discoteca Básica, que en pleno estudio con Gal se enteró de que Jorge Ben le había prometido la canción a Simonal después de habérsela prometido a ella.

El historiador Gustavo Alonso, que aparecerá bastante en esta columna, lo cuenta más seco: Jorge Ben le mandó la canción y Simonal se puso a modificarla.

En lo que sigue no hay desacuerdo. Junto al pianista y arreglista César Camargo Mariano, Simonal desarmó la canción: le puso swing, sacó estrofas y agregó un remate donde las palabras se reducen a su primera sílaba, "Mó- num pa- tropi-", un juego de percusión vocal que no estaba en ninguna parte. El disco salió al mes siguiente y fue el mayor éxito de su carrera.

Veinticinco años después, él mismo se lo explicó a Folha de S.Paulo sin ninguna solemnidad:

"Cambié melodía, armonía y agregué esa parte que dice 'patropi' y 'esta es la razón del algo más'. En esa época yo tenía un contrato con la Shell y aproveché de hacer merchandising. Hoy Jorge canta igual que yo. Si yo grabara a Jorge Ben hoy, estaría haciendo un cover de mí mismo."

"Algo más" era el eslogan de Shell en 1969: Simonal metió publicidad dentro de la canción.

Hoy "País Tropical" se recuerda como una canción de Jorge Ben.

Dos años después de esa sesión, Simonal cometió un delito grave. Lo que vino después tuvo otra escala.

Un tribunal le dio seis meses. El país le dio el resto de su vida.

II. El hombre que dirigía multitudes

Wilson Simonal de Castro nació en Río de Janeiro el 23 de febrero de 1938, hijo de una empleada doméstica, en una familia afrobrasileña y pobre. A fines de los sesenta estaba en la cima: en una encuesta del Ibope de noviembre de 1969 en Río, que rescata Alonso, quedó como el tercer cantante más popular del país, detrás solo de Roberto Carlos y Agnaldo Timóteo.

Tenía una voz de técnica impecable, extensión amplia, afinación exacta y una capacidad de improvisación rítmica que recordaba a la de los grandes crooners norteamericanos. Con Carlos Imperial y Nonato Buzar inventó la pilantragem, un balanço, como llaman en Brasil a ese ritmo que invita a bailar, que mezclaba samba, soul, jazz y pop, sofisticado y bailable a la vez.

Tuvo programas propios en televisión: "Spotlight", en TV Tupi, y "Show em Si... Monal" y "Vamos S'imbora", en TV Record. Según Alonso, fue el primer cantante afrobrasileño en conducir un programa de televisión en la historia del país. Firmó con Shell uno de los mayores contratos publicitarios cerrados hasta entonces por un artista brasileño. En el Mundial de México 1970 acompañó a la selección como uno más del grupo, amigo personal de Pelé.

En agosto de 1969, Simonal abrió el show de Sérgio Mendes en el Maracanãzinho, el gran gimnasio techado de Río. Había 30 mil personas, todas ahí por Mendes, el músico brasileño con más éxito en el extranjero. En plena "Meu Limão, Meu Limoeiro", sin parar la música, Simonal partió al público en dos: a una mitad le pidió una línea melódica, a la otra una distinta, y después cantó por encima de ambas, como si el gimnasio entero fuera su coro. Cuando se fue del escenario, el público siguió gritando su nombre, y la noche solo se calmó cuando lo llamaron de vuelta para cantar con Mendes.

No era, además, un cantante sin posición. En 1967 compuso con Ronaldo Bôscoli "Tributo a Martin Luther King", con arreglo de Camargo Mariano. La censura la retuvo desde febrero de ese año durante casi seis meses antes de dejarla salir.

Y era mayor que casi todos los nombres con los que hoy se lo compara, como me hizo notar el propio Alonso. Caetano es de 1942 y Chico Buarque de 1944. Simonal venía del ambiente de la bossa nova y ya grababa discos a comienzos de los sesenta.

Wilson Simonal es una joya escondida para quienes escuchan música en Chile, y me atrevería a decir que para el hispanohablante en general. Un día quise averiguar un poco más quién era. Vi en YouTube unas presentaciones que me dejaron sorprendido por su carisma y su dominio escénico y del público, además de esa sonrisa que transmite confianza. Hace varios años, lo más completo que encontré en castellano fue, curiosamente, una nota de la revista argentina de fútbol Un Caño, que lo recordaba como "el jugador número 23" de la selección brasileña de 1970. Desde entonces, poco más: casi todo lo que hay a mano sobre él está en portugués. Un país entero se puso de acuerdo para olvidarlo, y hoy basta darle play para saber lo que Brasil se perdió durante veinte años.

III. Ocho condiciones para una caída

La pregunta que organiza esta columna es por qué el castigo fue tan desproporcionado respecto de la falta. Mi hipótesis de partida, antes de hablar con nadie, era que ninguna causa alcanzaba por sí sola: hizo falta que varias condiciones se alinearan al mismo tiempo. Llegué a siete.

Un talento superior al de sus pares. Cantaba mejor que casi todos los que después lo despreciaron, y eso se perdona poco.

Una fama inédita para un artista afrobrasileño. Televisión, publicidad, multitudes. Un lugar que en el Brasil de 1969 casi nadie como él había ocupado.

Ningún bando político en el momento en que se exigía bando. Mientras el campo artístico se ordenaba en torno a la resistencia contra la dictadura, él seguía haciendo música para todo el mundo, y su "País Tropical" calzó sin quererlo con el clima ufanista, de exaltación patriótica, que el régimen usaba en su propaganda.

El episodio de agosto de 1971. Lo cuento en detalle más abajo.

Una prensa con incentivo para hacerlo ejemplar. O Pasquim, el semanario satírico que era referencia de la oposición, estuvo entre los más duros con él: el 7 de septiembre de 1971, menos de dos semanas después del episodio, publicó el dibujo de una mano negra con el índice en alto y una leyenda que decía que "el dedo de Simonal es hoy mucho más famoso que su voz" (el dedo del soplón: dedo-duro, en la jerga brasileña).

El racismo. Existió y pesó, aunque veremos que no lo explica todo.

Cero red de protección. Sin padrinos, sin causa, sin nadie dispuesto a poner la cara.

La octava condición no se me habría ocurrido, y la aporta un historiador que lleva años estudiando el caso.

En portugués existe un libro dedicado por completo al caso: Quem Não Tem Swing Morre com a Boca Cheia de Formiga: Wilson Simonal e os limites de uma memória tropical, de Gustavo Alonso, publicado por Record en 2011 y salido de la tesis de magíster que su autor defendió en la Universidad Federal Fluminense. Alonso es historiador, hoy profesor de la Universidad Federal de Pernambuco y columnista de Folha de S.Paulo, y su terreno de investigación es justamente la música popular que la crítica culta despreció. Es el trabajo más documentado que se ha escrito sobre el asunto, y trae en sus anexos los papeles del proceso judicial, incluida la sentencia de 1974. Nada de eso existe en castellano.

Por eso le escribí desde Suecia, donde estoy de visita familiar, sin conocerlo de nada, preguntándole cuál de mis siete condiciones le parecía decisiva. Contestó en pocas horas, me mandó su libro en PDF y grabó tres audios respondiendo mis preguntas. Me dijo que lo importante es la suma de todas, y que a la lista le faltaba una que, para él, quizás sea la más determinante: el nacimiento mismo de la MPB.

Su argumento, que traduzco de los audios, va así. La MPB surge a mediados de los sesenta como un gran paraguas, y surge peleando: aparece para combatir a la Jovem Guarda, a la que tildaban de imperialista, alienada y adherente a Estados Unidos y al golpe de 1964. Con los años esa disputa se desplaza, y la MPB se politiza en torno a la idea de resistencia, construyendo sus propios mitos. Chico Buarque se volvió uno de ellos.

Simonal, sigue Alonso, fue construido como el ejemplo opuesto, aunque había nacido dentro de la MPB. Roberto Carlos nunca perteneció a ese campo, y los dúos asociados al régimen, como Dom & Ravel, autores de "Eu te amo, meu Brasil", un himno de alabanza a la dictadura, tampoco. Simonal sí, y desde adentro empezó a cuestionarla. Y a él lo llamaron alienado e imperialista, y más tarde dedo-duro. Caetano y Gil hicieron esa misma crítica interna con la Tropicália en 1967 y 1968, y también los atacaron por eso.

Cuando estallaron los hechos de 1971, todo eso se catalizó en él. La frase con que cierra su respuesta es la mejor síntesis que he leído del asunto:

"Simonal pagó un precio individual por eso, por una construcción colectiva y social que lo eliminó."

IV. Agosto de 1971: lo que dicen los papeles

Simonal había despedido a su contador, Raphael Viviani, y sospechaba que le había estado robando. El 24 de agosto de 1971 acudió al DOPS, el Departamento de Orden Político y Social, la policía política de la dictadura. Un informe de ese organismo, fechado cuatro días después y hoy guardado en el Archivo Nacional de Brasil, registra su visita y lleva la firma del inspector Mário Borges. No era el lugar para denunciar un robo: eso le correspondía a la policía común, y el DOPS se ocupaba de la "subversión". Para justificar su intervención, Simonal dijo después que desde que había despedido a Viviani recibía amenazas de grupos "terroristas".

Esa misma noche, dos hombres ligados al DOPS, el policía Hugo Corrêa de Mattos y el colaborador Sérgio Andrade Guedes, llegaron a buscar a Viviani a su casa en el auto del cantante. Se lo llevaron a la sede del organismo, en la rua da Relação, y ahí lo torturaron con golpes y choques eléctricos hasta que firmó una confesión del desvío de dinero. Simonal estaba en el edificio, aunque según el proceso no participó de la tortura ni la presenció.

La esposa de Viviani denunció la desaparición. El examen médico confirmó la tortura. Viviani quedó con secuelas y terminó jubilado por invalidez. En abril de 2021, tras una decisión de la Comisión de Amnistía, el gobierno brasileño lo reconoció como perseguido político y le concedió una reparación.

Y el robo nunca se probó. La sentencia de 1974 dice que en el proceso no hay "ninguna prueba, por tenue que sea" de que Viviani hubiera cometido el desfalco: ni documentos, ni peritaje contable, ni una denuncia formal en la policía común.

No hay manera de contar esto que deje bien parado a Simonal. Fue él quien golpeó la puerta del DOPS, y fue él quien resolvió un problema de plata con la peor herramienta disponible en el Brasil de 1971.

V. Los dos tribunales

El primer tribunal fue real. El 11 de noviembre de 1974, el juez João de Deus Lacerda Menna Barreto condenó a Simonal y a los dos hombres del DOPS por extorsión, con cinco años y cuatro meses de reclusión. Simonal pasó cerca de una semana preso en Água Santa y salió amparado en una ley de 1973 que permitía a los reos primarios apelar en libertad.

Fragmento de la sentencia de 1974 en portugués: el juez condena a Wilson Simonal, Hugo Corrêa de Mattos y Sérgio Andrade Guedes a cinco años y cuatro meses de reclusión.
Sentencia del 11 de noviembre de 1974, juez João de Deus Lacerda Menna Barreto. Archivo Público del Estado de Río de Janeiro, reproducida en Gustavo Alonso, Quem Não Tem Swing Morre com a Boca Cheia de Formiga, Record, 2011.

En 1976, al resolver la apelación, la justicia recalificó el delito como constreñimiento ilegal y redujo la pena a seis meses, con suspensión condicional. Nunca volvió a la cárcel.

El segundo tribunal fue el de la opinión pública: nunca sesionó, y su condena fue mucho más larga. Su materia prima está, sin embargo, en los papeles del primero, y hay que mirarla de frente. En la declaración que Simonal firmó en el DOPS el 24 de agosto de 1971, reproducida en los anexos del libro de Alonso, afirma que coopera con esa sección con información que la llevó a desbaratar, en varias ocasiones, "movimientos subterráneos subversivos en el medio artístico". La sentencia de 1974 da por confirmado que era "colaborador de las Fuerzas Armadas e informante del DOPS", con base en un testigo de su propia defensa y en el inspector Mário Borges.

Alonso advierte que no hay modo de saber si esa declaración se armó después, para favorecerlo en el juicio, aunque todo, dice, lleva a creer que sí. La lógica es simple: si Simonal aparecía como colaborador amenazado por la subversión, la intervención de la policía política dejaba de ser un favor para cobrarle a su contador. El documento incluso pone "su auto y su chofer" a disposición de la investigación, lo que explicaba por qué estaban en la escena. Alonso subraya, además, que la declaración no nombra a nadie. Los archivos de inteligencia que se revisaron después no confirmaron la acusación. En 1991, el propio Simonal pidió a la Presidencia una certificación de que nunca había colaborado con la represión, y solo obtuvo la negación oficial de vínculos con el SNI, el Servicio Nacional de Informaciones. En 1999, el secretario de Derechos Humanos, José Gregori, certificó que los archivos del SNI y del Centro de Inteligencia del Ejército no contenían evidencia de que hubiera actuado como delator.

No todos aceptan que eso lo limpie. El periodista Mário Magalhães, que fue ombudsman (defensor del lector) de Folha de S.Paulo, escribió en contra el día después de la muerte de Simonal, en 2000, y volvió a hacerlo en 2008 y en 2009, cuando se estrenó el documental Simonal – Ninguém Sabe o Duro que Dei. Su argumento es que ese vínculo con el régimen lo expusieron sin reservas, en el juicio, sus propios amigos. Uno de los directores del documental le respondió con un texto titulado "O deformante". Alonso, que registra ese duelo en su libro, cree que ninguno de los dos llega a lo esencial: la discusión se volvió una búsqueda de culpables a la derecha o a la izquierda.

Ricardo Alexandre, el biógrafo, es autor del otro libro de referencia: Nem Vem Que Não Tem: A Vida e o Veneno de Wilson Simonal, publicado por Globo en 2009 y ganador del premio Jabuti de biografía en 2010. Alexandre es periodista musical: fue el último director de la revista Bizz y hoy conduce el pódcast Discoteca Básica. Su libro reconstruye la vida de Simonal a partir de entrevistas con quienes lo conocieron, y según su autor tendrá una nueva edición revisada y actualizada en noviembre, por Arquipélago Editorial.

En Quem Não Tem Swing, Alonso lee esa biografía como una absolución. Alexandre no acepta ni rechaza esa lectura: "todo lo que leemos también nos lee", respondió a esta columna. Su libro, dice, llega hasta donde se puede reportear, y en eso desilusionó a los fans que esperaban a un hombre víctima de una conspiración de envidiosos. Para Alexandre, la de Simonal es:

"La historia de las imposibilidades de Brasil."

Y acá viene el dato que reordena todo.

Si el castigo social hubiera respondido al episodio de 1971, lo lógico es que hubiera caído en 1971. Alonso muestra que no fue así: después del episodio Simonal siguió trabajando, con una carrera relativamente exitosa, y en 1977 todavía tuvo un éxito nacional con el disco A Vida É Só Pra Cantar. Hubo patrullaje ideológico, hubo persecución, hubo disputa en torno a su nombre, dice. Pero se hablaba de él.

Para Alonso, el verdadero ostracismo empieza entre 1978 y 1979, y coincide con el inicio de la redemocratización brasileña, un proceso que se extiende hasta la Constitución de 1988. A lo largo de esos años, cuenta, Simonal va desapareciendo, silenciado, gradualmente olvidado, expulsado de la historia de la MPB.

La explicación de Alonso es la parte más dura de esta historia. Ocurre, dice, porque la sociedad empieza a cambiar de lado. Gran parte de la población que había apoyado al régimen militar se seduce con la lucha por la redemocratización y pasa a apoyar a los opositores. Y entonces el personaje construido en torno a Simonal vuelve a servir, ahora para demarcar una identidad: cómo no ser alguien de la MPB, cómo no ser alguien que vivió los años del milagro económico. Una forma, en sus palabras, de expurgar esa mácula de la identidad brasileña.

Si Alonso tiene razón, el castigo social llegó siete años después del episodio, justo cuando Brasil necesitó lavarse la cara. Y lo usó de detergente.

VI. Respuesta a mi columna de marzo

En marzo escribí acá mismo una columna titulada "La Tiranía del Corazón Pulcro", firmada, como todas las mías hasta ahora, con mi seudónimo de siempre, Tuco Aguilop. Ahí defendí que la obra se sostiene aparte de quien la firma, y le pedí al lector soberanía del oído: saber lo que hizo el autor y decidir escucharlo igual.

Simonal pone esa idea a prueba desde un ángulo que no aparece en ese debate. Todos los casos que usé en marzo compartían una condición: la falta estaba documentada. El antisemitismo de Wagner es documento histórico. Las declaraciones que cité de artistas chilenos existen y se pueden leer. Sobre ese piso firme resulta fácil pedirle madurez al oyente.

Con Simonal el piso es otro. Su delito probado le costó una condena de seis meses de cárcel, que quedó suspendida. Lo que le costó veinte años fue una acusación que los archivos de inteligencia nunca confirmaron, y que funcionó igual de bien que una sentencia.

Y hay algo peor, que me obliga a corregir el texto de marzo. Ahí puse la responsabilidad en el oyente, en su capacidad de desactivar el prejuicio. Con Simonal esa soberanía servía de poco, porque quienes lo sacaron de circulación fueron las radios, los sellos y sus propios colegas. Nelson Motta, que produjo el disco de Simonal de 1972, recuerda que "las radios no lo tocaron, los diarios no hablaron ni bien ni mal", y cree que después su sello, Philips, desistió de él. Para que alguien pueda ejercer el derecho a escuchar un disco, otro tiene que haberlo dejado circular primero.

Le pregunté a Alonso si hubo algún intento real de defensa por parte de colegas que no haya llegado a la prensa de la época. Su respuesta fue seca: hasta donde él sabe, ninguna ayuda importante de parte de los artistas. Y agregó un detalle que, para mí, cierra el argumento. En el documental, me recordó, aparecen varios artistas elogiándolo, diciendo que fue brillante y víctima de la dictadura. En la época, según él, ninguno levantó el dedo para decirlo. Nadie lo apoyó, nadie lo defendió abiertamente.

La conclusión es mía: la soberanía del oído llegó décadas tarde, y llegó con las cámaras encendidas.

VII. El cadáver disputado

Wilson Simonal murió el 25 de junio de 2000, en São Paulo, sin haber salido del ostracismo. Un año antes, en una entrevista a Folha de S.Paulo, lo dijo con ironía: "Soy el único tipo que fue exiliado en casa; no necesité irme a Inglaterra". El dardo iba para Caetano y Gil, que habían pasado allá su exilio. Y ya en 1985, cuando le sugerían pedir amnistía, respondía que no la quería porque no era culpable.

A su velorio fueron poco más de cuarenta personas. De los artistas de su generación, solo Wanderléa, Ronnie Von y Jair Rodrigues.

En 2003, a pedido de su familia, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de la Orden de Abogados de Brasil lo rehabilitó públicamente. Él ya no estaba para verlo.

Mis siete condiciones resistieron el reporteo, aunque cambiaron de peso. El episodio de 1971 no lo hundió en el momento: sirvió años después como argumento para hundirlo. Con la prensa pasó algo parecido: el ataque del Pasquim fue feroz, y aun así Simonal siguió trabajando varios años. El racismo quedó como un ingrediente entre varios, y la falta de red de protección la confirmó Alonso. La que más creció fue la de no tener bando: con la octava condición entendí que Simonal era alguien de la MPB que se salió de la fila, y eso se paga más caro que ser un aparecido.

Hoy, según Alonso, ya no hay silencio en torno a Simonal. Él ubica el punto de inflexión en febrero de 2009, cuando volvió a sonar en las radios brasileñas. Ahora lo ve debatido, quizás insuficientemente, aunque de vuelta en la conversación.

Lo que reemplazó al silencio, dice Alonso, es una disputa.

Con muchos defensores de Jair Bolsonaro reivindicando la dictadura sin ninguna vergüenza, explica, hay quienes quieren recuperar a Simonal como aliado de ese régimen. Por el otro lado, cierta izquierda difusa del campo artístico gusta de rescatarlo por la vía de la victimización racial, como si el racismo lo explicara todo. Sobre esa segunda lectura es tajante: le parece bastante simplista, porque si el racismo jugó algún papel en este asunto, fue un ingrediente parcial y de ningún modo el factor único.

Mi lectura es que ninguna de las dos lo deja ser lo que fue: un músico enorme que cometió algo grave, que pagó por eso ante un juez, y que después pagó veinte años más ante un país entero por una acusación que nunca terminó de aclararse.

Le pregunté a Ricardo Alexandre qué perdió Brasil con su olvido. Me respondió que Simonal encarnaba un arte pop brasileño que buscaba un estándar global sin dejar de sonar a Brasil, y que le agregó lo suyo: dominio del escenario, potencial para la televisión y proyección internacional. Que su ejemplo se haya mantenido borrado, dice, fue "algo criminal", incluso para que sus errores les sirvieran a las nuevas generaciones.

Vuelvo al principio. "País Tropical" quedó bajo el nombre de su autor, y la versión que la hizo estallar se fue borrando debajo. Las canciones sobrevivieron soltándose del hombre. "Nem Vem Que Não Tem" terminó en la banda sonora de Ciudad de Dios y sonó, en la voz de Seu Jorge, en la ceremonia de clausura de Londres 2012, frente a millones de personas que no tenían idea del expediente.

Algo sobrevivió a los dos tribunales. Él no alcanzó a verlo.

«País Tropical», de Jorge Ben, en la grabación de Wilson Simonal de 1969.

Fuentes

Esta columna se apoya en las siguientes fuentes. Los enlaces fueron verificados el 3 de octubre de 2026.

Documentos

  • Sentencia del 11 de noviembre de 1974, del juez João de Deus Lacerda Menna Barreto, y declaración firmada por Wilson Simonal en el DOPS el 24 de agosto de 1971. Ambos reproducidos en los anexos documentales del libro de Gustavo Alonso, tomados del Archivo Público del Estado de Río de Janeiro (APERJ).
  • Informe de la Sección de Búsquedas Ostensivas del DOPS-GB del 28 de agosto de 1971, firmado por el inspector Mário Borges, y requerimiento de Simonal a la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, del 19 de abril de 1991. Ambos en el acervo del Arquivo Nacional de Brasil, citados en el reportaje de Terra que se enlaza más abajo.
  • Certificado del 26 de enero de 1999 del secretario de Derechos Humanos, José Gregori, sobre la ausencia de registros en el SNI y en el Centro de Inteligencia del Ejército.

Libros

  • Gustavo Alonso, Quem Não Tem Swing Morre com a Boca Cheia de Formiga: Wilson Simonal e os limites de uma memória tropical. Río de Janeiro, Record, 2011 (pp. 16, 290-291 y 374: velorio, dibujo de O Pasquim y testimonio de Nelson Motta).
  • Ricardo Alexandre, Nem Vem Que Não Tem: A Vida e o Veneno de Wilson Simonal. São Paulo, Globo, 2009, p. 145 (consultado en Google Libros). Según su autor, el libro tendrá una nueva edición revisada y actualizada en noviembre de 2026, por Arquipélago Editorial.

Prensa y archivo

  • "Trinta Mil por Um", Rolling Stone Brasil, 2009. El show del Maracanãzinho contado por César Camargo Mariano.
  • "Simonal tentou reabilitação em 1991, mas documentos indicam ligações com o DOPS-GB", Terra. Los documentos del Arquivo Nacional, incluida la sentencia y el pedido de 1991.
  • "Simonal, a reabilitação", Observatório da Imprensa, por Urariano Mota, 19 de mayo de 2009. Recoge la objeción del entonces ombudsman de Folha de S.Paulo, Mário Magalhães (columna del 30 de marzo de 2008), a la versión que exculpa al cantante.
  • "Juiz apontou cantor como informante", por Mário Magalhães, Folha de S.Paulo, Folha Ilustrada, 26 de junio de 2000, citado en el libro de Gustavo Alonso.
  • "O informante", por Mário Magalhães, Folha de S.Paulo, cuaderno Mais!, 21 de junio de 2009, citado en el libro de Gustavo Alonso.
  • "O deformante", por Cláudio Manoel, codirector del documental Simonal – Ninguém Sabe o Duro que Dei, Folha de S.Paulo, 23 de junio de 2009, citado en el libro de Gustavo Alonso.
  • "MSN com Ricardo Alexandre, biógrafo de Wilson Simonal", entrevista de Elson Barbosa, conversación de fines de 2009 republicada en Medium en 2014.
  • Respuesta escrita de Ricardo Alexandre a esta columna, 23 de septiembre de 2026.
  • "Discoteca Básica Apresenta: O Produtor da Tropicália", serie del pódcast Discoteca Básica conducida por el periodista Renato Vieira, con entrevistas al productor Manoel Barenbein. Citada por Ricardo Alexandre.
  • "Inocentado pela OAB de pecha de delator, Simonal faria 67 anos", Orden de Abogados de Brasil, 2006 (copia en Internet Archive; el sitio de la OAB no responde).
  • "Estado reconhece perseguição a ex-contador que acusou Simonal", Farofafá, 2021. El reconocimiento estatal a Raphael Viviani.
  • "Wilson Simonal e a ditabranca", Sibila. Incluye el testimonio del ejecutivo discográfico André Midani, que frecuentó a los dos lados de esta historia.
  • Entrevista a Wilson Simonal en Folha de S.Paulo, Folha Ilustrada, 25 de noviembre de 1994, citada en el libro de Gustavo Alonso.
  • "Proscrito, Simonal tenta cantar em SP", entrevista de Pedro Alexandre Sanches a Wilson Simonal, Folha de S.Paulo, Folha Ilustrada, 21 de mayo de 1999, citada en el libro de Gustavo Alonso.
  • "Simonal não quer ser anistiado", por Ruy Castro, Folha de S.Paulo, 13 de junio de 1985, citada en el libro de Gustavo Alonso.
  • "Cidade de Deus (2002): trilha sonora", Cineplayers. La banda sonora de la película, con "Nem Vem Que Não Tem" en la grabación de Simonal.
  • "2012 Summer Olympics closing ceremony", Wikipedia. Seu Jorge canta "Nem Vem Que Não Tem" en el traspaso a Río 2016.
  • "Wilson Simonal, el jugador número 23", Revista Un Caño, Argentina, 2015. El antecedente más completo sobre Simonal publicado en castellano.

Para seguir la historia

Tres obras brasileñas que no pude revisar completas para esta columna y que quedan recomendadas para quien quiera seguir el caso: la biografía de Ricardo Alexandre Nem Vem Que Não Tem: A Vida e o Veneno de Wilson Simonal (Globo, 2009), premio Jabuti 2010; el documental Simonal – Ninguém Sabe o Duro que Dei (2009), de Cláudio Manoel, Micael Langer y Calvito Leal; y la película Simonal (2019), de Leonardo Domingues, con Fabrício Boliveira.