Y llegó septiembre, mi mes favorito del año. Para mí marca el inicio del cierre de año, ese momento cuando uno comienza a revisar lo que queda pendiente por hacer según lo que se propuso al iniciar el año. Todo esto se mezcla con el ambiente festivo que se respira en el aire: las listas de compras en la feria y el supermercado, las reuniones familiares y amigos, los festejos en los lugares de trabajo, y por supuesto, la preparación de la playlist dieciochera que nos acompaña todo el mes. Basta que sea 1 de septiembre para que las cuecas y tonadas empiecen a sonar en todas partes y los adornos se tomen las calles, autos, y locales comerciales.
Me detengo a pensar en la música que siempre ha sido protagonista en estas fechas, esa que desde pequeños nos ha acompañado y nunca pasa de moda, convirtiéndose en parte de nuestra memoria colectiva. Para profundizar en esta historia musical chilena me dirijo a revisar la Tercera Edición de La Revista Abejorros, del Colectivo Abejorros integrado por artistas y gestores/as culturales que trabajan en la puesta en valor y difusión de diversas expresiones artísticas que surgen desde el folclore y lo popular.
Un ejemplo infaltable es La Consentida, obra de Jaime Atria Ramírez, y ganadora de la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar el año 1961. Esta canción se convirtió en un clásico nacional que tantas veces hemos escuchado y cantado mientras se prende el fuego del asado familiar.
Otro imperdible es Luis Bahamonde, compositor de grandes temas como Fiesta linda, Ende que te vi, Viva Chile y Qué bonita es mi tierra. Falleció un 18 de septiembre de 1978, y su legado sigue vivo. Hace unos días, en el programa Agenda Hoy de Canal 13C conducido por Nicole, el Dúo Constanzo Molina —grandes amigos de nuestra comunidad— recordaba su repertorio en La Picá de la Yasna. Claudio Constanzo decía: “Mantener ese repertorio es nuestro propósito, y cuando cantamos Ende que te vi, toda la gente lo corea, y eso es lindo”. Me emociona ver cómo nuevas generaciones mantienen viva nuestra historia musical y nuestras tradiciones.
La genial Clara Solovera, también merece mención. Autora de los populares versos “Ayúdeme usted, compadre / pa’ gritar un viva Chile” de la canción “Chile lindo”, es una de las principales creadoras de la música típica chilena. Suya es también Mata de arrayán florido, popularizada por Ester Soré, quien además grabaría gran parte de su repertorio. Ese tono humorístico e irónico me parece genial y típico chileno. El Arrayán es un árbol conocido por tener una floración muy tardía en comparación al resto de los árboles de los bosques del sur de nuestro país y en forma metafórica en el campo se comenzó a utilizar esta frase para hacer alusión a los hombres lentos, despistados y que demoran en darse cuenta cuando una mujer está enamorada de ellos.
No puedo dejar fuera al “Guatón Loyola” del autor Alejandro “Flaco” Gálvez. El protagonista de esta cueca es Eduardo Loyola Pérez, y dice la historia que era martillero en las ferias ganaderas del sur y vivía en Las Condes cuando aún existían chacras en el sector oriente de la capital.
La tan nombrada pelea que inspiró la canción no ocurrió en Los Andes, sino que en Parral el año 1954, específicamente en el fundo de Santiago Urrutia Benavente, conocido como “Don Chanca”, hasta donde llegó Loyola junto a su amigo Mario Cassanello, en el lugar también estaba el Flaco Gálvez. En el casino del rodeo, tres hombres pasados de copas empezaron a molestar a las meseras. Luego volvieron a verlos en el bar, donde empezaron a interpelarse hasta que carabineros tuvieron que intervenir. Los carabineros apaciguaron el asunto o trataron de hacerlo, pero como insistieron, el oficial preguntó, “¿Quieren pelear?” y como dijeron que sí entonces pusieron la regla de que nadie se metiera. El Guatón Loyola quedó metido debajo de las mesas y solo se detuvo la pelea una vez que uno de sus amigos intentó ocupar sus llaves como una manopla.
Esa misma noche el Flaco Gálvez compuso la famosa cueca. Al día siguiente, Loyola volvió al rodeo y cuando se dispuso a bailar un pie de cueca se dio cuenta que los primeros versos de la canción relataban su hazaña del día anterior. Su masificación fue a través del grupo Los Perlas quienes la grabaron en el año 1956 y cambiaron Parral por Los Andes.
Y cómo no agregar a una playlist dieciochera a “Adiós, Santiago querido” compuesta el año 1946 por el gran Segundo Zamora, más conocido como Guatón Zamora, padre de María Esther Zamora quien sigue sus pasos en los escenarios. Este tema sin duda está dentro de las más reconocidas cuecas y en un sondeo entre músicos hecho en 2015 por El Mercurio, fue elegida la obra más memorable dedicada a la capital chilena. Segundo Zamora fue presidente fundador del Sindicato de Folcloristas y Guitarristas de Chile y fue miembro destacado en el Sindicato Orquestal.
En 1968, el Guatón Zamora fue contratado junto a su conjunto de huasos para animar las Fiestas Patrias en Valparaíso, donde alcanzaron un éxito rotundo. Tras sus presentaciones, se dirigió con amigos al recinto de Sausalito, donde lo recibió una ovación de pie y el cariñoso anuncio del animador. Invitado a subir al escenario, Zamora respondió con lo que mejor sabía hacer: cantar y tocar cuecas, regalando al público una muestra vibrante de su talento. El destino quiso que la última canción interpretada fuera “Adiós, Santiago Querido”. Al bajar del escenario, un infarto lo sorprendió y lo arrancó de su tierra en plena fiesta. Murió en su ley, acompañado de su música y de la ovación de su gente, dejando un recuerdo imborrable en la memoria popular.
Sin duda se me quedan varias en el tintero, porque el repertorio para estas fechas es eterno. Septiembre es así: tradición, cuecas, tonadas, cumbias, huarachas, memoria y presente. Cada canción que suena en estas fiestas nos recuerda que la música chilena es diversa, viva y capaz de acompañar tanto la nostalgia como la celebración.
Que tengan todos unas lindas fiestas patrias, es momento de compartir y celebrar en familia y con amigos, disfrutando de un buen terremoto, comiendo un rico almuerzo y sobre todo escuchando buena música que nos hace recordar a quienes ya no están, pero tranquilos de pensar que sus legados siguen en voces y manos de jóvenes que siguen inmortalizando la historia.


